Día Uno.
El viento es hielo ácido que se desliza por tu cuello. Tus venas se tintan de verde y destacan al caer el sol como si llevases el contraste que no llegaron a inyectarte. Quieres ver, pero no puedes abrir los ojos. Te sientes abatido, estás cansado, confuso y débil. A tientas llegas a tu tienda, entras, te tumbas y exhalas el aire putrefacto que te trajo el recuerdo de tu ex. Recordándola cien mil árboles quiebran por la base y caen sobre tu vientre. Núcleo vital que nada representa. Es suficiente por hoy.
